Vientre balsa
de Micaela Urdinez
¿Cómo respira un amor cuando debe aprender a decir su nombre bajo el agua?
Vientre balsa se hunde en esa pregunta y vuelve a la superficie con los pulmones llenos de sal. Dos mujeres convierten el escondite en tierra fértil: hacen de la sombra una habitación, de la culpa una brasa, del miedo una lengua nueva. Pero esta obra no se agota en la disidencia: abre la herida común de toda entrega que, antes de ser balsa, tuvo que atravesar sus propios naufragios.
Micaela Urdinez no cuenta esta travesía: la hace latir. La escritura avanza en cuatro mareas: clandestinidad, distancia, verdad y familia; en cada una cae una piel para que aparezca otra. El poema no busca cauce fijo: se astilla, se derrama en prosa y hace de la ruptura una cadencia. La autora despliega una arquitectura anfibia: un refugio que no promete suelo, apenas la intensidad de aquello que tiembla, muerde y arde. Su voz poética es voraz y vulnerable; no persigue una belleza domesticada, la empuja hacia un umbral donde la ternura, animal herido, se inclina a lamer su sangre.
En su cartografía literaria, Vientre balsa dialoga con el erotismo indócil de Cristina Peri Rossi, con la política de las identidades de Paul B. Preciado, con los parentescos reinventados de Camila Sosa Villada y las escrituras contemporáneas que hacen de la intimidad una zona de disputa. Pero este libro no viene a levantar una bandera: desajusta la brújula oxidada que insiste en ordenar los cuerpos. Enturbia una pecera antigua: empuja contra el vidrio y hace crujir la pareja como propiedad, la familia reducida a cardumen obediente, la maternidad vuelta frontera, el deseo condenado al pecado y el calor convertido en moneda de cambio.
Hay amores que no entran por la puerta: rompen la pared, inundan la casa, dejan peces brillando en las habitaciones que aprendieron a vivir a oscuras. Vientre balsa nace, precisamente, de ese oleaje. Quien se asome sentirá la marea treparle por los tobillos. Entonces, tendrá que elegir: continuar defendiendo la costa o aferrarse, por fin, a la verdad que el fondo no supo ahogar.
Tapa blanda con solapas
21 x 13 cm
94 páginas
ISBN 978-631-6618-56-6
Género: poesíaARS$ 30000
ESTÁ DISPONIBLE
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Micaela Urdinez
Encuentra en la escritura una forma de ir nombrando experiencias, procesos o urgencias a las que no puede ponerles nombre. Su escritura es directa, visceral y usa la naturaleza como un espejo en donde los acontecimientos que la atraviesan van tomando forma, cabezas, garras, aletas. Ahí le encuentra sentido a lo que siente, a lo que no entiende pero empieza a hacer sentido en los versos, en los párrafos, en los cuentos.
Periodista y editora de profesión, hizo todo su recorrido laboral en el diario La Nación y, desde el 2018, es la responsable del proyecto Hambre de Futuro, en el que retrata cómo son las infancias de los niños más pobres de la Argentina.
Empezó a escribir poemas en su adolescencia y ese fue el puntapié para animarse a participar de diferentes talleres de escritura, en los que perfeccionó esas líneas que salían escupidas desde su interior hasta llegar a esta pluma contundente. Pasó por los espacios de Cristina Domenech, Daniela Pasik y Paula Levallois. Actualmente está trabajando con Natalia Zito y con Leila Guerriero. Este es su primer libro.
