“Hombres y mujeres viajaban desde Buenos Aires en el mercante Ushuaia por el Atlántico sur hacia las islas del fin de la tierra. Una forma de castigo con máscaras de esperanza. Presidiarios y tripulación, mixtura y ambulantes, disimuladas indiferencias, deseos no reconocidos. Colores, piel y lenguas rumian y huelen injusticias”.
Así comienza Mujeres de Albada.
